La intolerancia a la lactosa

intolerancia a la lactosa

La lactosa es un azúcar que se encuentra presente en todas las leches de los mamíferos y en la humana, y que además puede hallarse en ciertos alimentos elaborados.

Dentro de la composición de la lactosa encontramos la lactasa, que es una enzima que se desarrolla en el intestino delgado. Su mal funcionamiento o bajo nivel causa problemas para digerir la lactosa, pasando directamente al intestino grueso y provocando dolores e inflamación abdominal, diarrea, etc.

Esta intolerancia a la lactosa puede percibirse muy levemente en algunas personas, pero luego sentirse con mayor sensibilidad con el pasar del tiempo.

Los síntomas que provoca la intolerancia a la lactosa son:

  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Espasmos y dolor abdominal.
  • Inflamación y relajación abdominal.
  • Flatulencias abdominales.
  • Diarreas ácidas.
  • Fuertes defecaciones y heces flotantes.
  • Ardor y enrojecimiento anal.

La intolerancia a la lactosa no es grave ni peligrosa. Puede afectar a bebés recién nacidos , en la infancia con la incorporación de la leche de vaca en la alimentación o después en la etapa adulta.

Existen dos clases de intolerancia:

Intolerancia primaria: también denominada genética. Es la que produce una disminución paulatina de la elaboración de la lactasa, perdiendo gradualmente la aptitud de asimilar la leche.

Intolerancia secundaria: esta intolerancia es temporaria ya que puede ser causada por una afección intestinal transitoria (gastroenteritis virósica).

La ausencia de leche en la alimentación puede provocar falta de calcio, vitamina D, riboflavina y proteínas. Para evitar una mal nutrición deberá ser reemplazada por otros alimentos que sean ricos en esas sustancias:

  • Calcio: sardinas, salmón, col, espinacas.
  • Vitamina D: aparte de la exposición al sol puede adquirirse del hígado de bacalao.

Foto: Gracias a Acutance